El cementerio alcañizano se localiza en un lugar próximo al santuario de Nuestra Señora de Pueyos, junto a los restos de la antigua estación de ferrocarril. El Ayuntamiento aprobó su construcción el 3 de julio de 1833, según consta en el correspondiente libro de actas del Ayuntamiento. Lo proyectó el arquitecto alcañizano Mariano Plá y se corresponde con el modelo de cementerio claustral. Se construyó tras la publicación de las leyes sanitarias que obligaron a ubicar los cementerios fuera de los conjuntos urbanos. Su apertura, en 1834, coincidió con una grave epidemia de cólera.
Su fachada está presidida por un amplio pórtico enfatizado por una escalinata previa. En su frente se elevan dos esbeltas columnas de piedra de una sola pieza. En cada uno de sus laterales se abre un vano en arco de medio punto sobre el que se dispone otro vano semicircular. Remata el pórtico un gran frontón triangular que, igual que el entablamento, carece de decoración. Sobre la puerta de acceso se conserva la fecha de MDCCCLIII.
Tiene planta rectangular. Su interior se estructura en un primer tramo a los pies, cubierto con bóveda de cañón con lunetos, una zona central con bóveda de arista y la zona de la cabecera con un nuevo tramo de bóveda de cañón con lunetos.
Notas históricas
- Su capilla se construyó en 1853, gracias a una cantidad de dinero importante legada por Rafael Félez (1784-1851), último deán de la Colegiata, quien dejó a sus ejecutores mil duros para que construyan una capilla en el cementerio extramuros de esta ciudad. Esta voluntad testamentaria (fechada el 20 de agosto de 1851 y conservada en el Archivo de Protocolos Notariales de Alcañiz) se cumplió por parte de sus cuatro ejecutores testamentarios, entre los que se encontraba Nicolás Sancho, monge esclaustrado, quien se convirtió en el principal impulsor de la obra de esta capilla. Obra que al finalizarse acogió el sepulcro del propio Rafael Félez, bajo arcosolio, en el lateral izquierdo respecto al altar (lado del Evangelio) y con las características propias de la estética neoclásica. Se realizó en dos piezas de piedra de buena calidad. La inscripción o epitafio latino que se esculpió en el frente se lee en la actualidad con cierta dificultad.
- Esta capilla se realizó de acuerdo al proyecto del conjunto del cementerio de Mariano Plá que en su día se presentó a la «Academia de Madrid». Las obras se iniciaron en 1853. Se inauguró en 1855, así consta en el acta de la sesión del Ayuntamiento de Alcañiz del 10 de agosto de 1855, en la que se comunica que se ha recibido un escrito por parte de los ejecutores testamentarios de don Rafael Félez invitando a la Corporación a la inauguración de la yglesia del Cementerio.
- Como indica Gaspar Bono Serrano (1870), «el que dirigió la construcción de tan esbelta y primorosa capilla fue el presbítero alcañizano don Nicolás Sancho y Moreno.», quien en su Descripción… de Alcañiz de 1860 aporta una pormenorizada descripción de esta capilla y del sepulcro mencionado. [Ver en «Más información»]
- Tras la guerra fue profundamente reconstruida, su interior adquirió la gran austeridad que conserva en la actualidad, matizada inicialmente por un laborioso retablo que al decir de Eduardo Jesús Taboada (1898) presentaba una «profusión de adornos» que perjudicaban a la «pureza de las líneas» y no guardaba «respeto» al Santo Cristo que hospedaba. Taboada también alude a los estucos imitando jaspes realizados por el «académico Juan Francisco Cruella».
- Tras las obras de reforma de la posguerra, en ella recibieron sepultura don Pascual y don Joaquín Ardid, don Julián de Santapau y doña Concepción Faci, quienes «legaron sus fortunas en beneficio de Alcañiz», tal como se especifica en la memoria de la gestión municipal de los años 1942-1947. Una gran lápida de mármol emplazada en el centro de la nave señala el lugar en que fueron inhumados.








