LA TORRE GÓTICA COMO VALIOSO TESTIMONIO DE LA HISTORIA DE ARAGÓN. TESTIGO DE LA CONCORDIA DE ALCAÑIZ
Y DE LAS CORTES DEL REINO
Al evidente interés artístico de esta torre se une su valor histórico. Estamos ante un singular testigo de la Concordia de Alcañiz y las Cortes del Reino, por ser el último vestigio del templo gótico en el que se reunían los parlamentarios aragoneses en Alcañiz y porque en ocasiones lo hacían precisamente en la sala capitular de su planta baja.
Entre los muros de Santa María se celebraron un gran número de sesiones de las Cortes de Aragón a lo largo de los siglos XIV y XV (1371-72, 1436 y 1441-42). Los parlamentarios de la Corona se reunieron en el mismo templo, durante más de cien sesiones -del 2 de septiembre de 1411 al 28 de marzo de 1412- con el objetivo de resolver el procedimiento para la proclamación del sucesor de Martín I de Aragón, el Humano, al fallecer sin descendencia. Proceso que concluyó con la entronización de Fernando de Antequera en la Corona de Aragón. Entre estas reuniones destaca, sin duda, la celebrada el día 15 de febrero de 1412, con la firma de la Concordia de Alcañiz: articulado con 28 capítulos con las condiciones para la elección del rey.
El 17 de febrero, la sala capitular de esta torre fue testigo de un acontecimiento de singular interés: la ratificación de la Concordia de Alcañiz -ante el Parlamento de Aragón- por parte de los embajadores del Parlamento de Valencia. Lo que suponía la aceptación de los nueve compromisarios que designasen los parlamentarios aragoneses y catalanes, y, por tanto, la adhesión oficial de Valencia a la Concordia y al Compromiso.
Aunque en la mayoría de las actas -tanto de las Cortes celebradas en Alcañiz como del proceso de la Concordia- se hace referencia al templo en general, en algunas de ellas se mencionan dos espacios dentro del templo: la sagristia o sacristania (donde se firmó la Concordia) y el capitol o sala capitular situada en la planta baja de esta torre campanario.
Estas sesiones no tenían apenas proyección pública, eran básicamente reuniones de trabajo y de toma de acuerdos. Sí que hubo una excepción: la proclamación de los nueve compromisarios -celebrada el 16 de marzo de 1412- con una ceremonia de gran solemnidad: misa alta celebrada por el abad de Veruela y nombramiento -mediante lectura pública- de los designados. Seguido de repique de campanas, procesión en el exterior del templo y canto del Te Deum laudamus. Estas nueve personas, en representación de toda la Corona de Aragón, serían los que tendrían un plazo de dos a tres meses para elegir rey entre los distintos candidatos en la villa aragonesa de Caspe, proceso final que sería conocido como Compromiso de Caspe.

