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EL ANTIGUO CONVENTO DEL DESIERTO DE CALANDA

ARTÍSTiCO Y MONUMENTAL

CRONOLOGÍA

Finales del siglo XVII – Principios del siglo XVIII

AUTOR

Fray José de la Concepción y fray Bernardo de San José (tracistas).

CRÉDITOS

TEXTO: Teresa Thomson, 2024. FOTOGRAFÍAS: Paco Climent, 2005; Javier Moreno (aérea, 2020). COLABORACIÓN (fuentes): Ana Domenech y Raúl Tabuenca (UNIVERSA, 2019). GEOLOCALIZACIÓN: Diego Romero.

Categoría:
Patrimonio en peligro, Claustros y conventos

Población:
CALANDA

Comarca:
Bajo Aragón

Clasificación:
Barroco

Este antiguo convento se construyó en un bello paraje situado entre los ríos Guadalope y Mezquín. Su nombre hace referencia a su localización en un enclave despoblado o ‘desierto’.

Actualmente el conjunto presenta un aspecto ruinoso. La iglesia, de considerables dimensiones, conserva su magnífica fachada. Está realizada en piedra sillar y estructurada en tres cuerpos. Presenta elementos de claro ‘gusto’ clasicista: frontones triangulares, pilastras lisas, una hornacina central con el fondo avenerado. Sobre ella se dispuso el escudo de la Orden. Presenta grandes vanos rectangulares y remates en forma piramidal. Este templo presenta planta de cruz latina, con una gran cúpula sobre el crucero. Lamentablemente, ha perdido la mayor parte de su cubierta y de la labor decorativa en estuco que cubría sus muros. El claustro está situado junto al lateral izquierdo de la iglesia (el lado del Evangelio). Tiene planta cuadrada y las diversas dependencias se organizaban alrededor de una patio central. Está definido por un doble piso: el inferior con arcos cegados de medio punto, y el superior con vanos adintelados y óculos. Muestra un elevado grado de deterioro, menor en el lado oriental. Si se comparan las fotografías que publicamos del año 2005, con el video de 2019 y con la fotografía aérea de 2020 se confirma las pérdidas progresivas del edificio. La compra reciente por parte del Ayuntamiento de Calanda de este conjunto invita a anhelar e imaginar el renacer de este monumental conjunto emplazado en un lugar de excepcional encanto.

Este antiguo convento está incluido en la Lista Roja de los bienes patrimoniales en riesgo por su estado de abandono elaborada por Hispania Nostra.

Notas históricas 

  • Las virtudes que ofrecían este emplazamiento fueron detectadas por los carmelitas descalzos, quienes se encapricharon de este lugar, en el que existía una torre propiedad de la Encomienda de Alcañiz de la Orden de Calatrava. Solicitaron la enajenación de estos terrenos y lo consiguieron. El 29 de septiembre de 1680 les fue cedida por los calatravos la Torre, a cambio de un treudo anual. De este modo consiguieron el 22 de septiembre de 1682 tomar posesión de la antigua Torre de Alginés o Ginés, que a partir de entonces pasó a ser la Torre del Carmen y dedicada al padre Elías. Poco más tarde se iniciaron las obras del convento. Éstas se hicieron de acuerdo al plan aprobado por el padre general fray Juan de la Concepción y en base a las capitulaciones o contratos firmados para ello, destacando la realizada por el  hermano fray Bernardo para la zona propiamente conventual. En el Fondo Notarial depositado en el Archivo Municipal de Alcañiz se conservan dos planos referentes a este convento. Curiosamente están dibujados en las portadas de pergamino de dos protocolos notariales.
  • En 1705,  en la Guerra de Sucesión, el convento se decantó por el lado austracista (apoyo a la causa del Archiduque Carlos), esto provocó que sufriese un feroz ataque por parte de dos compañías borbónicas que lo arrasaron.  Únicamente se salvo el oratorio privado. En 1706 se iniciaron las obras de reforma. Tras una visita efectuada por la Orden de Calatrava en 1719, se informa de la restauración del convento y del proyecto de construir una gran iglesia que no se concluiría hasta nueve años después.
  • En 1808 sufre el ataque de las tropas francesas: el convento es saqueado y su biblioteca destruida.
  • Poco más de un siglo después, en 1835, la exclaustración y desamortización de Mendizábal provocó su abandono. fecha de la exclaustración, se abandonó. Sus retablos fueron trasladados a diversos edificios religiosos calandinos, así el mayor pasó al Templo del Pilar. Todo el conjunto pasó a manos privadas en 1842.
  • Pascual Madoz, en su Diccionario (1845-1850), cuando describe Calanda y su término se detiene en «un convento de Carmelitas descalzos, llamado comúnmente el Desierto, situado en la falda de la sierra de Ginebrosa, entre los ríos Guadalope y Mezquín; ocupa un sitio muy ameno y pintoresco, es un edificio que forma un perfecto cuadro, grande y suntuoso, todo de piedra cantería, a cuyo lado septentrional, hay una plaza de 26 varas cuadradas; su iglesia, de una sola nave o crucero, tenía 8 altares, de los cuales se han trasladado 3 a la villa que describimos y se  halla cerrada desde la extinción de los conventos; cerca de este hay algunos corrales para ganado y caballerías, y un huerto poblado de árboles frutales, y regado por las aguas de la fuente de Santa Quiteria, que brota en las inmediaciones del mismo, el cual está en un barranco que forman las aguas de otras dos fuentes nacientes a 1 cuarto de distancia, y que unidas fertilizan y se consumen en un trozo de 3 o 4 cahizadas de tierra, que eran propiedad del expresado convento».

Últimas novedades sobre la historia de este edificio

El estudio realizado por Jorge Martín publicado recientemente (2024, ver bibliografía) aporta datos de interés para el conocimiento de este gran complejo conventual, al relacionarlo con dos de los principales tracistas de la orden de los carmelitas descalzos: fray José de la Concepción y fray Bernardo de San José. Así lo indica su autor en las conclusiones del artículo mencionado: «El primero, fray José de la Concepción, cuando el territorio todavía pertenecía a la provincia de San José, tal y como hemos propuesto en este trabajo, y el segundo, fray Bernardo de San José, del que se ha planteado su intervención en el templo actual debido a su presencia en la localidad en torno a 1721, cuando ya había presentado el proyecto para el desierto de Las Palmas de Benicàssim, el segundo establecimiento de este tipo de la recién creada provincia de Santa Teresa, separada de la de San José, que englobaba solamente Aragón y Valencia. Además, el trabajo de estos dos tracistas también forma parte del fenómeno de circulación de profesionales de la arquitectura entre los territorios de la Corona de Aragón, que se dio, sobre todo, en cuadrillas itinerantes de corte familiar, y que permitió la cohesión de las entidades políticas mediante las transferencias de técnicas y modelos arquitectónicos incluso después de su supresión a comienzos del Setecientos».

Enlaces de interés

  • Historias del Bajo Aragón (Consulta: 10-VII-2024).
  • Asociación Turismo Bajo Aragón. Ruta al Convento del Desierto de Calanda un lugar mágico en el Bajo Aragón de Teruel. (Consulta: 10-VII-2024).
  • NAVARRO SERRED, Francisco, La historia del monasterio del Desierto de Calanda, web GREC (Consulta: 10-VII-2024).
  • GASCA CASTÁN, Lorenzo, La construcción del Convento del Desierto de Calanda, web GREC (Consulta: 10-VII-2024).
  • MORENO, María Ángeles, «Reconstruir el convento del Desierto de Calanda costará entre 8 y 10 millones de euros», Heraldo de Aragón, 8 de mayo de 2022 (Consulta: 10-VII-2024).
  • “Convento del Desierto, Calanda”, Bajo Aragón Matarraña es nuestro destino, web Grupo de Acción Local Bajo Aragón Matarraña. Disponible en: https://esnuestrodestino.es/municipios/calanda/lugares-destacados/convento-del-desierto (Consulta: 30-VIII-2024).
  • Convento del Desierto, Lista Roja. Hispania Nostra. Disponible en: https://listaroja.hispanianostra.org/ficha/monasterio-del-desierto/ (Consulta: 10-VII-2024).

BIBLIOGRAFÍA

– ALLANEGUI Y LUSARRETA, Vicente, Apuntes históricos sobre la Historia de Calanda, Calanda / Teruel, Ayuntamiento de Calanda / Parroquia de la Esperanza / Instituto de Estudios Turolenses, 1998.
– BOROBIO ENCISO, Pilar, Voz «Calanda, Desierto de», en Gran Enciclopedia Aragonesa, Zaragoza, Ed. Unali, 1980, tomo II, p. 559.

– CEAMANOS LLORENS, Roberto y MATEOS ROYO, José Antonio, Calanda en la Edad Moderna y Contemporánea, Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, 2005. Puede consultarse en: https://ieturolenses.org/media/downloadable/files/links/c/a/calandaweb.pdf (Consulta: 17-III-2024).
– GARCÍA MIRALLES, Manuel, Historia de Calanda, Valencia, 1969.

– MADOZ, Pascual, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, Madrid, 18¬45-1850.
– MARTÍN MARCO, Jorge, «Arquitectura para dos carismas distintos en el Bajo Aragón turolense en el Seiscientos: el convento carmelita de Alcañiz y el descalzo del Desierto de Calanda», Ars longa. Cuadernos de arte, núm. 28 (2019), pp. 91-107. Disponible en:

https://www.academia.edu/43217991/Arquitectura_para_dos_carismas_distintos_en_el_Bajo_Arag%C3%B3n_turolense_en_el_Seiscientos_el_convento_carmelita_de_Alca%C3%B1iz_y_el_descalzo_del_Desierto_de_Calanda (Consulta: 23-VII-2024).
– MARTÍN MARCO, Jorge, «Un posible proyecto de fray José de la Concepción: el convento de carmelitas descalzos del Desierto de Calanda (Teruel)», Archivo Español de Arte, 97, 385, enero-marzo 2024, 1383. Disponible en: https://www.academia.edu/118328315/Un_posible_proyecto_de_fray_Jos%C3%A9_de_la_Concepci%C3%B3n_el_convento_de_carmelitas_descalzos_del_Desierto_de_Calanda_Teruel_?email_work_card=title (Consulta: 23-VII-2024).

– MARTÍNEZ ORTIZ, José, «Aportación documental al estudio de la vida social y económica de la tierra baja de Aragón durante el dominio de la Orden de Calatrava», Miscellània de textos medievals, vol. 5 (1989) pp. 195-327.

– THOMSON LLISTERRI, Teresa, Las artes en el Bajo Aragón en la primera mitad del siglo XVIII. Estudio documental, Alcañiz, Centro de Estudios Bajoaragoneses, 1998.

– THOMSON LLISTERRI, Teresa, «El convento del Desierto de Calanda», en José Ignacio Micolau Adell y Teresa Thomson Llisterri (coords.), Comarca del Bajo Aragón, Colección Territorio núm. 18, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2005, pp. 157-159.

Puede consultarse en:  https://bibliotecavirtual.aragon.es/i18n/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=3600216 (Consulta: 17-III-2024).
– VIDIELLA JASSÀ, Santiago, «Calanda y Foz-Calanda», en Boletín de Historia y Geografía del Bajo Aragón, Zaragoza, Tip. Mariano Escar, 1907-1909. Edición facsímil a cargo del Centro de Estudios Bajoaragoneses, 1982, tomo III, pp. 240-241.

IMÁGENES

1. Antiguo convento del Desierto de Calanda, 2005.
2. Antiguo convento del Desierto de Calanda, 2005.
3. Antiguo convento del Desierto de Calanda, 2005.
4. Antiguo convento del Desierto de Calanda, 2005.
5. Antiguo convento del Desierto de Calanda, 2005.
6. Antiguo convento del Desierto de Calanda, 2020.
7. Plano del antiguo convento del Desierto de Calanda (A.H.P.A.).
8. Plano del antiguo convento del Desierto de Calanda (A.H.P.A.).

LOCALIZACIÓN

DOCUMENTOS

Artículo sobre el convento del Desierto de Calanda.

THOMSON LLISTERRI, Teresa, «El convento del Desierto de Calanda», en Comarca del Bajo Aragón, Colección Territorio núm. 18, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 2005, pp. 157-159.

Este convento se construyó en un bello paraje poblado de pinos, romeros, jaras, tomillos y aliagas, entre los ríos Guadalope y Mezquín, en la falda de la sierra de la Ginebrosa. Este emplazamiento se localiza en el término municipal de Calanda, aunque, tal como indica Ramón Mur en su novela Sadurija, «en un enclave casi equidistante de los núcleos urbanos de Calanda, Torrevelilla, La Cañada de Verich y La Ginebrosa… a más de una hora a pie o en cabalgadura».

Estaba incluido en la provincia carmelitana de Santa Teresa, que englobaba a los reinos de Aragón y Valencia. Su origen se remonta a finales del siglo XVII y se relaciona, precisamente, con el nacimiento de esta nueva provincia de dicha orden de carmelitas descalzos. Estos religiosos, atraídos por la belleza del enclave, decidieron fundar un monasterio en la antigua Torre Alginés o Ginés, propiedad de la Orden de Calatrava. Para ello, el 29 de septiembre de 1680 acordaron pagar (cada 22 de septiembre) 23 libras, 6 sueldos y 8 dineros jaqueses de feudo y pensión anual a la Encomienda de Alcañiz. Tras esta donación y concesión, el convento fue fundado por el hermano Antonio de Jesús María (Antonio Tello), tras la correspondiente autorización del rey Carlos II, y se dedicó a San Elías. El día 22 de septiembre de 1682 se tomó posesión del mismo y se colocó el Santísimo Sacramento. Este mismo año se iniciaron las obras de construcción del convento que se prolongarían hasta 1701. Tras sufrir un gran incendio los días 28 y 29 de enero de 1705, como consecuencia de los acontecimientos derivados de la Guerra de Sucesión (asalto y destrucción ejecutada por un grupo de más de 200 hombres dirigidos por el alcañizano Luis de Ram), fue restaurado en 1707. A esta obra pertenece, precisamente, la mayor parte de los restos que hoy se conservan. A raíz de la visita efectuada por la orden de Calatrava en 1719 a sus propiedades (entre las que seguía contándose este convento), se informa de las obras de reforma que en él se habían llevado a cabo y del proyecto de construir «una gran iglesia». Templo que se concluyó en 1728 y que hoy se conserva, aunque en estado ruinoso.

El diseño de esta gran obra conventual se plasmó en dos pergaminos conservados en el Archivo Histórico de Protocolos de Alcañiz. De su observación se deduce que este complejo conventual tuvo iglesia (con cripta, bóvedas de lunetos y cúpula en su capilla mayor), hospedería y zona propiamente conventual, con sus correspondientes celdas para los religiosos, claustro, refectorio, librería, etc. Todo ello complementado con otras dependencias secundarias como las cocinas y despensas, aljibes, graneros, hornos, etc. Y estancias tan curiosas como la utilizada para las mortificaciones.

La librería mencionada en este documento contuvo una magnífica colección de libros destruida en gran parte por los franceses, a principios del siglo XIX. Este convento, además, asumió la formación de los jóvenes de las familias de mejor posición de la zona, con lo que se puede afirmar que la cultura y la educación estuvieron históricamente vinculadas a este edificio.

En 1835, a raíz de su desamortización, fue abandonado por los religiosos. A la exclaustración general de religiosos sucedió -entre 1835 y 1837- el incendio y destrucción del convento. Su retablo mayor, otros retablos menores y sus dos campanas fueros trasladadas a la iglesia del Pilar de Calanda. Aunque, desgraciadamente, ninguna de estas obras se han conservado. En 1842 fue vendido a favor de Antonio Calvo y desde entonces ha mantenido su condición de propiedad privada.

Actualmente este antiguo conjunto conventual presenta un aspecto ruinoso, aunque todavía conserva varias zonas importantes, como la monumental fachada principal de su iglesia, la gran cúpula de su capilla mayor (que parece sostenerse gracias a hilos invisibles), las arquerías de su sobrio claustro, etc.

La regularidad de su planta, los elementos clasicistas que en él se incorporaron y su propia monumentalidad provocaron que en ciertos ambientes se conociese a este convento como «el Escorial aragonés». Entre las historias que se cuentan sobre este convento destaca la que relata cómo, tras una gran helada acaecida la noche de los Inocentes de 1829, los «descalzos» del Desierto tuvieron el capricho de tomar chocolate sobre la superficie helada del llamado pozo del Estrechillo o Estertillo. Y todavía más interesantes son los sucesos recogidos en la Historia monástica…de Manuel de San Martín. Especialmente curioso es el que narra el extraño suceso protagonizado por la reliquia (calavera de un venerable religioso de la orden) que presidía la gran mesa del refectorio de este convento: «Estando una noche dos hermanos en la cocina friendo pescado, llevaban su conversación sin respeto al silencio que en aquella hora tan encarecidamente nos impone nuestra Regla, pareciéndoles que el trabajo y sus circunstancias los dispensaban por entonces de la obligación de callar. Con esta persuasión hablaban sin reparo ni escrúpulo, cuando de repente advirtieron un ruido extraordinario en el refectorio. Estaba abierta la ventana del repartidor, llegáronse a ella con luz a explorar y nada vieron. Atribuyendo el pasado ruido a alguna contingencia desconocida de ellos, continuaron su trabajo y su conversación, y por segunda vez oyeron un golpe, con más estrépito que el primero. Repitieron su exploración por el repartidor y vieron que la calavera de la mesa traviesa, estando ellos mirando hacia ella, dio un salto y se puso en medio del refectorio y luego desde el medio del plano del refectorio, en otro salto, vino a parar al plano de la misma ventana del repartidor. Y con esto, llenos de sobresalto, conocieron su culpa de inobservancia y fracción del silencio, cesaron de hablar penetrados de temor. Y así, la calavera en otros dos saltos se volvió a la mesa prioral, en donde se conserva hasta el día de hoy, la misma idéntica que por respeto a este suceso no se han atrevido a mudarla ni ponerla de pintura…»

Para concluir este breve apunte sobre este magnífico edificio, querría subrayar el gran valor del conjunto del que forma parte (definido por el propio edificio conventual, ermitas, peirones, fuentes, nevera, almazara, etc.) y el inmenso valor del entorno paisajístico en el que se incluye, el cual conserva todavía el ambiente de paz y sosiego que cautivó hace más de trescientos años a los religiosos carmelitas.

Sus restos constituyen un puente evocador y nostálgico hacia el pasado. El silencio que sobrecoge al visitante cuando se acerca a él parece romperse ante su ‘grito agónico’ de anhelo de supervivencia. Grito que podría silenciarse de llevarse a cabo un interesantísimo proyecto de recuperación de este monumento, que pretende convertirlo en un centro de creación y debate artístico, coincidente con la idea europea de Red de Centros Culturales de Reencuentro, con lo que se integraría en el contexto del desarrollo cultural y turístico del Bajo Aragón y se convertiría en un elemento clave de dinamización del mundo cultural aragonés. Confiemos, por tanto, en que vuelva la cultura a alojarse entre sus muros y que renazca el espíritu humanístico que tuvo en el pasado. Y que la ‘maldición’ que parece perseguirle desde su construcción, en forma de fuego, saqueos, ataques violentos y abandono- no se torne esta vez en la indiferencia y desidia que firme su cruel y definitiva sentencia de muerte.

 

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