Esta sencilla ermita está dedicada a San Valero. Se construyó en el siglo XVIII (1700). Es de planta rectangular, una sola nave y cubierta de doble vertiente con teja árabe. El interior lo preside la imagen del santo a la que está dedicada acogida por un colorido retablo de marcado carácter popular.
Se localiza al lado de un manantial o pozo, protegido por una frondosa higuera y poblado de numerosos juncos. Según la leyenda, en este lugar San Valero, en su desplazamiento de Valencia a Zaragoza, hizo brotar el agua con su cayado. La calidez de las aguas que de él brotan se hace más ostensible, lógicamente, en los días invernales.
Del manantial, reforzado por sencillos muretes de piedra, parte un brazal o pequeño canal, el ‘brazal de Salién’, que conduce el agua hacia la población, regando los campos más próximos.
Las aguas de este pozo se aprovechan, por tanto, para el riego y para llenar el lavadero situado ya en un punto próximo a la plaza Mayor de la población, detrás del Ayuntamiento. Tras atravesar el lavadero, las aguas son encauzadas de nuevo y giran a la izquierda para dirigirse al molino que queda bajo el camino.







