La ermita de San Blas se construyó en 1675 a instancia de polvoristas y alfareros (oficios de raigambre morisca). Los alfareros tenían sus talleres y viviendas en las faldas del cabezo sobre el que se construyó esta ermita, lo que confirma que en este barrio se concentraba la población morisca, con una gran tradición cerámica. Precisamente el último alfarero trabajó en Calanda tenía su vivienda y su taller en esta zona o barrio.
Esta ermita fue destruida durante la primera guerra carlista. Más tarde se reedificó, bendiciéndose el 5 de mayo de 1859. Se restauró en 1907. Tras años en los que mostró un gran deterioro, en la actualidad muestra buen estado. Una placa de cerámica colocada en su fachada principal, entre los dos accesos definidos por arcos en ladrillo, recuerda la fecha de la última intervención: 3 de febrero de 1996.
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