La celebración de esta festividad tan especial comienza con la salida de los Rosarieros o Despertadores, los cuales se reorganizaron en 1940 con motivo del tercer centenario del milagro. Recorren el pueblo, iniciando la ronda en la puerta de la iglesia, rezando el Angelus. Acompañados con un farol van recorriendo las calles a la vez que van tocando la campanilla. Cuando realizan una parada, colocan el farol en medio y se hace un círculo a su alrededor. A la señal del decano del grupo todos comienzan a cantar. La ronda finaliza en la plaza del Pilar.
A las 8.30 de la mañana tiene lugar la Misa de Aurora, donde los protagonistas son los Caballeros y Damas de la Corte de Honor. La siguiente eucaristía será a las 12 del mediodía, y presidida por los Capellanes Honorarios del Pilar. Por último, durante la tarde tiene lugar la tercera celebración, Rosario-Procesión y Misa en el templo del Pilar.
Notas históricas y curiosas
Esta festividad recuerda el famoso Milagro de Calanda, que tuvo lugar el 29 de marzo de 1640, cuando la Virgen del Pilar le restituyó una pierna anteriormente amputada al vecino de Calanda Miguel Juan Pellicer, quien nació un día de marzo de 1617. Un día de finales de julio de 1.637, un carro cargado de trigo y tirado por dos mulas, sobre una de las cuales cabalgaba Miguel Juan, cayó éste a tierra, pasándole una rueda del carro sobre su pierna derecha, fracturándole la tibia en su parte central. Es trasladado a Valencia e ingresa en el Hospital Real el día 3 de agosto de 1.637. En este hospital sólo permanece cinco días, ya que añora sus tierras de Aragón. Solicita permiso para trasladarse a Zaragoza, y después de casi dos meses de viaje llega a Zaragoza a primeros de octubre de 1.637.
La primera visita que realiza en Zaragoza, nada más llegar, es al Templo de Nuestra Señora del Pilar. Y a continuación es ingresado en el Hospital General de Nuestra Señora de Gracia. Es aquí donde se le amputa la pierna «cuatro dedos más debajo de la rodilla». Enterrándose dicha pierna en el cementerio del hospital, haciendo un hoyo «como un palmo de hondo». Se le dio de alta en el hospital y se la colocó una pierna de madera y muleta en la primavera de 1.638.
Hubo de recurrir a la limosna para poder vivir, hecho que realizaba en una de las puertas del Templo del Pilar, en Zaragoza. Y aprovechaba esta circunstancia para oír misa todos los días en la Santa Capilla, a la vez que se ungía con aceite de las lámparas el muñón de su pierna para intentar suavizar el dolor.
En la primera semana de marzo de 1640 inicia su viaje de retorno a Calanda. Cuando llega a casa, y debido a que está imposibilitado para realizar tareas, decide recorrer la comarca para recoger algo que poder llevar a su casa.
El 29 de marzo de 1640, y después de una dura jornada de trabajo en su casa, al llegar la noche, se duerme a pesar del mucho dolor de su pierna. Entre diez y media y once de la noche entran sus padres en la habitación «a luz de candil», y perciben una «fragancia y olor suave no acostumbrada allí», y al acercarse su madre para comprobar como se había acomodado Miguel Juan en el lecho improvisado de aquella noche, lo encuentra durmiendo, pero ve admirada que por debajo de la capa que lo cubre, asomaban dos pies cruzados. Comprobaron, Miguel Juan y sus padres, ya en los primeros momentos, a la luz del candil, la persistencia de viejas cicatrices de la pierna amputada en la nueva pierna.
El día 2 de abril, cinco días después del Milagro, concretamente el Lunes Santo, D. Miguel Andreu, notario de Mazaleón, levanta acta notarial de tan impresionante hecho. El 25 de abril, Miguel Juan y sus padres llegan a Zaragoza para dar gracias a la Virgen del Pilar. El Cabildo de Zaragoza remitió al Conde-Duque de Olivares la información del hecho para que, a su vez, la pusiera en conocimiento del Rey Felipe IV. Se reconoce el hecho como Milagro el día 27 de abril de 1.641.
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