Estas fiestas se celebran en la actualidad el fin de semana más próximo al 26 de septiembre, festividad de San Cosme y San Damián, hermanos médicos y mártires vinculados a curaciones milagrosas.
El viernes se pronuncia el pregón de fiestas en la plaza de la Iglesia. A continuación se inicia el ‘recorrido peñero’ con la charanga, para visitar las peñas y ser obsequiado en ellas. Por la noche se organiza una cena popular en la plaza de España y, como remate final, una sesión de baile.
El sábado por la mañana se desarrolla la procesión del Pan Bendito. Acto seguido, se oficia misa solemne en honor a San Cosme y San Damián. A continuación, sale la procesión por las calles de la población. Para la tarde se programa el desfile de carrozas.
El domingo por la mañana se celebra la misa solemne en honor de las Santas Reliquias. Por la tarde se disfruta de la actuación de un grupo de música o teatro.
El lunes por la mañana, misa solemne en la ermita de Santa Bárbara y comida ‘de alforja’ en sus inmediaciones. Por la tarde se organizan juegos tradicionales. Como colofón, fuegos artificiales y traca fin de fiesta.
Para estas fechas, era tradicional correr toros por la noche, que iban a cargo del carnicero que tenía arrendado el servicio de la localidad. Se puede decir que esta festividad se remonta al siglo XVI cuando, con ocasión de las grandes epidemias de peste que asolaron el Bajo Aragón, se generalizó el culto a los santos médicos Cosme y Damián en demanda de intercesión ante la divinidad.
Para esta fiesta, se organizaba la procesión más larga: recorría los extramuros del pueblo. Las calles, engalanadas, presentaban los balcones adornados y revestidos con colchas, generalmente blancas. La peana se adornaba con flores e iba acompañada por seis altas banderas de los mozos: la de color lila, dedicada a San Valero; la roja, a San Cosme y San Damián; la blanca, al Santísimo Sacramento; la azul celeste, para la Purísima Concepción; la verde era la de mayor tamaño, de unos 10 metros dedicada a San Antón y la morada era la de los enfermeros. Por la tarde se celebraban diversas competiciones, entre las que destacaban las carreras pedestres, cuyo premio era un pollo; los «entalegados» que, con los pies atados y dentro de un saco, recorrían la plaza; y las carreras de burros. De antiguo ya se recuerdan también las corridas de toros en la Plaza Mayor. Los toros generalmente eran ensogados y los sacrificaban al concluir el encierro de la Plaza. Su carne se repartía entre todos los vecinos, siendo ésta una de las pocas ocasiones en que muchos de estos vecinos podían comer proteína animal. El origen de estas corridas debe ser muy antiguo, puesto que en las capitulaciones de 1734 para el arriendo de la carnicería del lugar se establecía como condición la traída de dos toros, para matar en esa fecha, procedentes de dehesas turolenses o de las vacadas de Quinto, Fuentes o Tortosa. Sobre 1920 se perdió esta tradición.
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