Recuerdan los más ancianos que la hoguera se plantaba por los hombres del pueblo y de las masías con la leña que habían traído días antes, alrededor de un esbelto pino, al que dejaban solo ‘la capolla’ (ultimas ramas de la copa) sin cortar. Se realizaba en la plaza de la Constitución, frente al Ayuntamiento, mientras ésta conservó el suelo empedrado. Tras su encementado se trasladó a la plaza de la Escuela. Al anochecer encendían la hoguera con ramas secas y alrededor de la misma se iba congregando la gente, donde entre risas y frotamanos contaban sus anécdotas. Transcurridas unas horas, la gente mayor y los críos se iban marchando a sus casas, quedándose al final un grupo más reducido, que aprovechando las brasas que dejaba la hoguera echaban productos de la matanza para que se asaran y luego los degustaban, alargando la velada.
A partir de la década de los cincuenta eran los chicos en edad escolar quienes preparaban la hoguera con la leña que días antes pedían por las casas del pueblo. Agradecían la leña dada con la frase: ‘que Sant Antoni li guardo lo gorrino’, mientras que si la gente era tacaña, se les recordaba que el santo no les guardaría los animales de la casa. En el rincón exterior de la iglesia con la plaza de la Escuela, apilaban los troncos recogidos. Al salir de la escuela era costumbre coger la merienda: una rebanada de pan untado con manteca y azúcar por encima, llevar un hacha, sierra y cuerdas, e ir por ‘La Solana’ y camino de la ‘Font de Dalt’ a cortar unas ramas de carrasca y de pino, transportándolas a mano, hasta la plaza, que tenía el suelo de tierra.
En la tarde de la festividad los mozos y zagales iban, después de comer, a por un pino, que ya tenían visto con anterioridad. Lo cortaban y lo traían, arrastrado por una caballería hasta la plaza. Se encendía al anochecer y cada uno se asaba el chorizo, que traía de casa.
Hoy en día todavía sigue vigente esta tradición, con el encendido de la hoguera como acto central. Para ella se apila leña de carrasca y pino de algún pinar cercano a la localidad, se planta la hoguera, prendiendo ésta al anochecer, procurando tener brasa abundante para poder asar chorizos, longanizas o algo de carne de cordero para hacer una cena todo aquel que quiera esa misma noche.
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