Transcurrida la Semana Santa, se celebra el Lunes de Pascua subiendo a la ermita de Santa Bárbara. Allí todo el pueblo come y se divierte durante toda la jornada.
Se trata de un día cuyo significado era el de homenajear a los quintos, jóvenes que iban a entrar en sorteo ese año para cumplir el servicio militar el año siguiente. Se trataba de una especie de despedida de todo el pueblo.
La noche de Pascua adornaban lugares con ramas de pino (enraman), previo permiso del alcalde, de modo que adornaban la fachada de la iglesia, la puerta del alcalde y las quintas, lo que conlleva toda una noche. Los quintos, con el resto del pueblo acudían hasta la ermita de Santa Bárbara, si bien los quintos lo hacían con un carro adornado con ramas y eran los últimos en subir y los únicos que podían ir en carro (si alguien se osaba a ir en carro sin ser quinto, éstos lo tiraban). Hasta que los quintos no llegaban hasta la ermita, la misa no podía dar comienzo. Luego, sus madres les servían la comida además de entregarles un brazo de gitano, de los cuales los quintos nuevos entregaban al alcalde y los viejos al cura. Lo típico era comer la «rosca», una empanada dulce rellena de huevos duros y longaniza. De vuelta al pueblo tenían organizado por ellos mismos el baile, antiguamente en la plaza de la Iglesia, luego en el Salón.
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