Esta romería al santuario de la Virgen de Pueyos se enmarca en la fiestas celebradas en su honor, como patrona de Alcañiz. La jornada festiva se inicia con volteo de campanas y cohetes invitando a la concentración de los romeros en la plaza de España, para dirigirse hacia el santuario, con el ayuntamiento bajo mazas, la banda de música, la comparsa de gigante y cabezudos, más alguna charanga que ameniza el paseo. Al llegar la comitiva al santuario, se celebra la misa en honor a la patrona, en la que participa la rondalla del Cachirulo y en la que pronuncia la homilía un sacerdote unido por lazos afectivos a la ciudad. Tras la misa, se desarrolla la popular ofrenda de flores, cuyos participantes visten el traje tradicional aragonés. Tras el acto religioso, se almuerza y, en muchos casos, se come en los múltiples rincones que ofrece el entorno de la ermita, completándose una jornada festiva que aúna tradición, religiosidad popular y divertimento.
La antigüedad de esta romería queda confirmada por las fuentes documentales y bibliográficas. La cofradía dedicada a la Virgen de los Pueyos cuenta ya con 300 años de existencia. La fiesta en su honor no ha sufrido ninguna variación en cuanto a calendario se refiere: el padre Faci ya la vincula al 9 de septiembre en su obra de mediados del siglo XVIII (ver bibliografía).
Entre las diversas fuentes destaca, por la concreción narrativa, la descripción de la romería que Eduardo Jesús Taboada incluye en su Mesa Revuelta (1898):
«La romería se celebra todos los años el día 9 de Septiembre.
«Cerca de la ermita se levantan tiendas de campaña para saciar la gula del numeroso gentío que acude a festejar la Patrona, primero oyendo misa, después echando una cana al aire.
«A las siete de la mañana salen de la ciudad muchos devotos, presididos por la Cofradía, el Clero y una comisión del Ayuntamiento. Los gigantes y cabezudos entretienen a los chiquillos, que saltan con la agilidad de la ardilla y comentan las travesuras de la tuerta o del morito serios como estadistas.
«En el santuario, adornado por el exterior con arcos y gallardetes, tiene lugar una gran misa cantada; el orador de más fama pronuncia su discurso. Después… al campo y venga broma.
«Las mozas, con los mejores trapos del arca, lucen sus gracias en el famoso bolero, baile muy aragonés; el tambor y la dulzaina, constantemente alegran aquel recinto, lo mismo para inspirar las maniobras a danzantes y gitanillas, que para mover cientos de parejas baturras, como si fueran fantoches. Así se desliza el día, que sería interminable, si la voluntad de los jóvenes pudiera detener la puesta del sol».
El libro de la Cofradía (conservado en el Archivo Parroquial) confirma lo expresado por Taboada: inicio de la procesión a las 7 de la mañana en dirección a la ermita, precediendo los cabezudos, danzantes y gitanillas. (ver documento adjunto)
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