Surge en torno al siglo XVI, cuando eran frecuentes las epidemias de peste y se deseaba quemar todo lo negativo con el «fuego purificador».
El acto central es el encendido de la hoguera – la tronca- en la plaza de la Iglesia, formada por un tronco de olivo de gran tamaño alrededor de la que se amontona toda clase de leña. En la actualidad, la organización de esta fiesta recae en el Ayuntamiento junto a los quintos.
Años atrás, esta fiesta era organizada por la cofradía de San Antón. La preparación de la tronca corría a cargo de la cuadrilla que llevaba a cabo la subasta ‘a la baja’, es decir, la que la preparaba por menos dinero. Al la mañana siguiente, en la comunión, los hombres eran los encargados de repartir el pan bendito: torta troceada que las mujeres de algunos cofrades habían preparado con antelación. La tradición era guardarlo para dárselo a los animales de la casa y así protegerlos de enfermedades durante todo el año.
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