La celebración de hoy en día se lleva a cabo en la plaza Pardo Sastrón, donde se prepara una gran hoguera encendida la noche del viernes. La organización de la fiesta recae en los quintos, quienes se encargan de buscar la leña, que suele ser de olivo con abundantes troncos y apenas nada de ramulla, por lo que no es tan espectacular como antaño pero sí más duradera. De esta manera, hay un picadillo entre las diferentes quintas que organizan la fiesta, por ver a cual le duran más los rescoldos, diciendo: » Nuestra quinta, una semana después, aún asa carne en las brasas». La hoguera es encendida sobre las ocho de la tarde, y durante la noche serán los vecinos agrupados por peñas o cuadrillas los que asarán las viandas: chorizos, panceta…
El sábado se saca la imagen del santo a la Plaza para que las caballerías den vueltas a su alrededor. Seguidamente se celebra la misa en honor del santo, durante la cual se reparte el pan bendito, para después sacar en procesión al santo por las diferentes calles del pueblo.
Notas históricas y curiosas
- La fiesta se celebra desde finales del siglo XVI, momento en el que había un estandarte de gran altura que los solteros tenían a gala conducir en la fiesta de este santo.
- En los principios de la celebración, en grupos separados, mozos y casados formaban parte de la cofradía de San Antón pagando lo que antaño se llamaba ‘el realet’. Además de esta aportación monetaria, se cazaba, se hacían rifas y se sorteaba el llamado cerdo de San Antón. La víspera se reunían mozos y casados para hacer el corte de la leña. Una vez reunido todo el pueblo, comenzaban a tomar los primeros tragos de aguardiente partiendo la comitiva hacia el campo, con caballerías llenas de campanillas y cascabeles. Llegados al lugar escogido del monte, cortaban pinos y preparaban las cargas hasta la hora de comer. Después se llevaba la leña hasta el pueblo, depositándola en la plaza y reuniéndose con los hombres que habían salido a cazar para el santo. Por la noche, después de dar una vuelta por el pueblo con la dulzaina y el tamboril contratados para la fiesta, comenzaba el baile en el que participaban sólo los hombres, iniciado por el mayoral que llevaba una capa negra con galones y corona en la cabeza. El baile podía durar hasta enlazar con las albadas, en las que los mozos comenzaban rondando a todas las mozas del pueblo, en primer lugar la que había elegido el mayoral. Después se dirigían a misa y tras la comida se recogían los productos con los que se iba a hacer la subasta. La fiesta se daba por finalizada con un baile que iniciaba el mayoral con la moza a la que había rondado.
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