Nace tras la posguerra, cuando la mujer empieza a ser parte más activa en la vida social de los núcleos rurales. Las chicas, en edad escolar, se reunían en la plaza de la Escuela y preparaban su hoguera siguiendo el mismo esquema que los chicos hacían para San Antón, pero agradeciendo la leña dada con un: ‘que Santa Águeda li guardo la mamella’. A veces se aprovechaba el pino central de la hoguera anterior si no estaba muy quemado. La mayoría de las veces algún familiar traía un nuevo pino, que rivalizaba en altura con el de San Antón. Era una competición con los chicos para ver qué hoguera era la mayor. Se asaban chorizos o longanizas, que cada cual traía de casa.
Hoy en día se siguen haciendo estas dos hogueras gracias al empeño de un grupo de personas, que fieles a continuar la tradición, preparan una tractorada de leña el sábado por la mañana y por la tarde encienden la hoguera de cada celebración, que suelen acomodarse al fin de semana más cercano a la a fecha de estos santos, por la noche se suele realizar una cena con lo asado en las brasas de la hoguera para todos los vecinos del pueblo que desean acudir.
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