José Pardo Sastrón (Torrecilla de Alcañiz, 1822-Valdealgorfa, 1909)
José Pardo Sastrón —reconocido con justicia como uno de los más ilustres botánicos aragoneses, primer hijo de los valdealgorfanos José Pardo Sanz y Josefa Sastrón Cardona— nació el 15 de abril de 1822 en Torrecilla de Alcañiz, donde su padre ejercía como farmacéutico. Esta doble circunstancia marcará su vida: por una parte, su condición de bajoaragonés y por otra, la profesión familiar que ya su padre había heredado. Además la temprana muerte de su progenitor, cuando él sólo contaba 19 años y las responsabilidades que desde ese momento asume como cabeza de su amplia familia —integrada por madre y siete hermanos—definirá el principal trazo del cuadro de su vida y la gruesa raíz que le unirá para siempre a nuestra tierra en su condición de ‘boticario de la Tierra Baja’.
Su gran mérito estuvo en que supo compatibilizar con singular destreza su actividad profesional con su gran pasión, la Botánica. A ella se acercó en su etapa de estudiante de Farmacia en Barcelona, con tanto acierto y pasión que le fue ofrecida por el influyente botánico Miguel Colmeiro y Penido (1816-1901) la cátedra de Botánica y Agricultura de la Junta de Comercio de Barcelona, proyecto al que tuvo que renunciar para hacerse cargo de la botica familiar. Esta decisión que le alejaría para siempre del mundo académico y universitario lo sumergió de lleno en el paisaje y la tierra bajoaragonesa, y a ella dedicó su gran pasión por la naturaleza y en especial por las plantas. Nunca abandonó la curiosidad ‘estudiantil’ y en sus frecuentes paseos y herborizaciones mantuvo siempre el deseo de identificar nuevas especies y profundizar en el conocimiento de su entorno natural.
Precisamente la tenacidad (que implica firmeza, obstinación y constancia para cumplir objetivos), principal rasgo de su carácter, sobre el que se cimentó su actividad científica, le hizo anotar durante más de cinco décadas —concretamente desde el 1 de enero de 1848 hasta pocos días antes de morir— sus cuidados y minuciosos diarios en pequeños cuadernos con letra menuda y con extraordinaria pulcritud».
Modestamente al final de su vida le gustaba ser reconocido como el “viejo herbolario de la Tierra Baja”.


