Como si de un paisaje de otro planeta se tratase, las minas de Cañada representan la visión de las entrañas de la tierra. Las minas de mayor impacto se encuentran al pie de la sierra de La Ginebrosa, así como en las laderas del Sireral, pero no son las únicas, ya que tras varios años de actividad extractiva proliferan las minas. El colorido contrasta fuertemente con el entorno, pero quizás lo más llamativo son los impresionantes huecos en la roca, resultado de la extracción durante años. Los materiales extraídos son caolines y arcillas refractarias que una vez más como es habitual en Aragón, se transforman fuera de nuestras poblaciones. También se encuentran excavaciones en minas bajo tierra, de las que sólo quedan hoy en día los restos de esas instalaciones.
Esta actividad supone en la actualidad uno de los impacto de mayor alcance en la alteración del paisaje, por lo que la administración responsable debería de exigir una adecuada y pronta restauración de los espacios alterados, como forma de compaginar actividad económica con el respeto y la conservación del medio natural.


